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2020

After Hours by the artist The Weeknd. The cover art copyright is believed to belong to the label, XO/Republic Records, or the graphic artist(s).

A principios del año en el que nos hicimos mayores, disponíame a escribir una entrada titulada “La década que vivimos peligrosamente (2008-2018)”; en ella planeaba desgranar mi tumultuosa experiencia vital a través de un desierto de solipsismo, ceguera y dolor. Sé lo que es navegar en la mar sometida a la tormenta del azar; sé lo que es amar u odiar a borbotones de hiel. Paladear la sangre de las encías mientras lloran de rabia las entrañas. Ser paupérrimo como las ratas al aullido de una lastimera frustración que vibra sin que una lágrima se atreva a revelar su verdadero rostro. Deforme por el autocastigo, lacerado por las brisas que son vientos para los niños, huí al bosque de la infancia donde hallé único consuelo. 

Cumplí con mis vicios lo mismo que con mis deberes en una espiral de aspiraciones prefabricadas. Nunca sufrí de sueños rotos: éstos ya eran deformes al nacer; quienes se quebraron en místico trance fueron otras ménades: la desesperanza, la desconexión y la extrañeza me señalaban sonrientes mientras me abría paso a puñetazos entre los malnacidos. En una fiesta a la que no había sido invitado, decidí presentarme vestido de arlequín, mas las risas de los agrupados fueron ahogadas por mi llanto amargo en forma de danza alcohólica. No pegué un tiro a Murray en mitad del show, y sin embargo algunas de mis balas alcanzaron a los merecedores (y no salí victorioso de los trances, sino revestido de la sonrisa sangrienta de los perdedores). 

El año en el que renació nuestra agonía, los tontos se daban de hostias a colación de patrias mientras los escritores, filósofos e intelectuales perecidos en la olla a presión que fue la Guerra Mundial, se removían en sus tumbas; en Hong Kong acontecía una revuelta popular enmascarada, y redescubrimos que las vidas de los seres humanos importaban al margen de su raza. En el año de la pandemia, las megacorporaciones de la literatura cyberpunk ochentera siguieron tomando forma bajo el ubicuo prisma de Facebook, Amazon, Google o Microsoft. El año de la pandemia sorprendió a una España gobernada por idiotas iletrados e ilícitos que se proclamaban tribunos de la plebe, filtrados a través de las grietas del sistema provocadas por la hediondez de una generación desnortada e iracunda que no tuvo a bien leer y soñar cuando debió, ni levantó ni un solo dedo ante la manada de lobos embozados en traje de cordero cuando la bonanza económica lo desaconsejaba. 

He visto cosas que no imaginarías: indignados mochileros claudicando frente a rapaces sin historia ni intelecto reconvertidos en estalinistas; condotieros y Sejanos disfrazados de presidentes y ministros; jaque mates a Reyes de lupanar; oligofrénicos con cetro de Emperador azuzando a piaras armadas. Las pequeñas o grandes verdades de esta vida las ganáis y las perdéis: esa es vuestra maldición.

Una crisis existencial, una crisis económica, una crisis anímica, una pandemia, otra crisis económica. Es oficial: nuestros padres nacidos en la Posguerra ya no tienen nada que enseñarnos. La agonía de nuestros fracasos, individuales y colectivos, nos pasa factura, y me temo que con la calderilla que llevamos en los bolsillos no vamos a poder hacer frente a semejante cuantía. La revelación mística es un horizonte inalcanzable que, salvo por contados oasis biográficos, se presenta ante nosotros con el resplandor de las bellas ideas. Dios sabe que quiero ser un buen tipo, pero la guerrilla cotidiana, la pobreza y las continuas decepciones nos determinan; endurecen nuestros rasgos, consumen nuestra alegría, queman nuestra energía. Y no lo escribo desde el agotamiento: me sigue excitando la batalla; vivo como viven los outcasts: con asombro y gratitud ante los acontecimientos futuros, aguardando impávido la carga de los demonios desconocidos.

La naturaleza ha eructado vilmente en mitad de nuestra algarada simiesca; al unísono giramos nuestras estupefactas cabezas para redescubrir incrédulos nuestra pequeñez.

Deslizo su superioridad moral por mis protuberancias; a su nazi-feminismo, animalismo de salón o infra-supremacismo, contesto con los rotundos defectos de mis antihéroes neo-noir favoritos: buscavidas, cínicos cansados, antihéroes cotidianos, hombres buenos con mucha mala suerte, solitarios guapos. Sé muy bien lo que es estar tirado en la calle armado con lo puesto, no me venga con gilipolleces: Low life for life ‘cause I’m heartless. No me permito dar consejos porque ni siquiera tengo la certeza de ser dueño de mí mismo ni de mis obras o experimentos: experimento cada segundo que transcurre con la perplejidad del viajero en tierra extraña (se podrá imaginar qué opino de su ideología o vinculación nacional); la tierra no le pertenece, eso lo sé: ¿observa esas montañas, esos riachuelos, esas costas, esos barrios, esas gentes que clama como propias? Desengáñese, se encuentra usted solo y desnudo en mitad del desierto y se marchará de expedición al Ártico cuando todo esto acabe. El cambio perpetuo y el vacío en nuestros pechos son nuestra única seña de identidad como seres (humanos). 

Decía que no permito aconsejarle, pero sé bien lo que se nos viene encima porque mientras usted se iba de cañas yo me estrujaba el cerebro y agitaba mi alma con violencia en la esperanza de encontrar las llaves de la mazmorra: desean entrar en nuestro cerebro y anular nuestra alma. Desean que nos mostremos como no somos en realidad con el propósito de violar nuestra identidad. Nos quieren extenuados, olvidadizos y analfabetos. Nos quieren débiles, calladitos y obedientes. Mi yo más joven no me consentiría que permaneciera calladito mientras toda esta mierda se nos viene encima: libérese. Cabréese en silencio y construya desde dentro hacia fuera; écheles con su talento; levántese cuando le golpeen, sonría sangriento tras la paliza que sin lugar a dudas le van a dar. Sea fuerte; transmita lo aprendido en la batalla. 

En 2020 la fiesta sólo acaba de empezar, ¿va a rendirse ahora, cuando se pone interesante?

Essay on the pleasures of imagination

En el presente estudio argumentaremos sobre la relación entre los Essays on the pleasures of imagination de J. Addison1 y las filosofías de la naturaleza del siglo XVIII, partiendo de la obra pictórica y poética de William Blake y el paisajismo visionario de los pintores románticos.

1. El artista, condición de mundos y de tiempos

Las alas del artista se despliegan en todo su esplendor; Ícaro sobre un laberinto armado con el fuego de Prometeo: el Sol negro que oscurece el mundo se muestra incapaz de derretirlas, y sin embargo su alma ha estado abocada a la caída desde su nacimiento. Schopenhauer aplicó meticulosamente un barniz filosófico sobre el vértice renovado del mundo: el individuo sería de este modo “el portador necesario, la condición de todos esos mundos y de todos esos tiempos”.2 Cualquiera lo sería al descubrirse atónito en la contemplación de la eternidad, desvalido frente al horror inmediato de la Naturaleza mas, a pesar de todo, sabiéndose vértice necesario de su despliegue. El artista enfebrecido por las musas actuaría de este modo como el demiurgo malvado de Urizen, descrito por William Blake (1757-1827) en su Génesis alternativo: dando forma a la naturaleza bruta, henchido de esa juguetona inspiración susurrada por los daimones. A Sócrates sugirieron tales espíritus que compusiera música en la antesala del Hades, mientras que al alba del Romanticismo retarían a las naturalezas jóvenes a una fusión con lo sublime mediante el acto sagrado de la creación.

Adán Kadmon (“Los”, en la jerga de Blake), se elevaría en alas de la imaginación (el supremo don de los dioses reservado a unos pocos escogidos)3 hacia el Alma Inmortal.

En dicho proceso, la percepción de este hombre primordial se torna infinitamente activa, en defensa de un concepto de la obra artística decididamente transformadora. No mira a su alrededor con los ojos vagos del científico, meros secretarios del fenómeno, sino que cual teúrgo se hace dueño del vehículo anímico ascendiendo o descendiendo (¿acaso hay alguna diferencia?).

James Barry4 nos muestran en sendos grabados5 una imagen del maligno que en todo recuerda al Adán-Los de Blake; no en vano, de acuerdo con cierta doctrina gnóstica6, el oscuro ángel en rebelión se identifica con el libertador de los hombres encadenado a causa de su osadía. El artista se ve reflejado con facilidad en esta dualidad de luces y sombras en la que radica la esencia profunda de su obra, quizás de la naturaleza humana misma.

Shall bruise the head of Satan, crush his strength,

Defeating Sin and Death, his two main arms7.

A raíz de la materialización de sus visiones y en virtud de éstas, era posible alcanzar una suerte de iluminación extática capaz de comunicarnos con la divinidad. El mundus imaginalis establece así una barrera que separa la imaginación creadora e intelectiva del artista del coro de espíritus angélico que permea el macrocosmos; todo símbolo se revela como un arcano evaluable desde una perspectiva holística.

2. Cosmogénesis alquímica8

“Allí mezclaron y confundieron todos los elementos del bien y del mal, el dolor y la alegría, la fealdad y la hermosura, la abnegación y el egoísmo”9. Los chiquillos imitaban así la técnica de Brahma, para acabar perpetrando una aberración sin orden ni concierto. Nacía así nuestro mundo en perpetua lucha de contrarios; esa marmita en la que el artista-alquimista vierte las sustancias materiales y anímicas de las cosas, con el fin de engendrar el reflejo y la sublimación mismas de la Naturaleza, o en una palabra, arte. El artista no se comprende así salvo recurriendo a la paradoja y al oxímoron: “There is not a sight in nature so mortifying as that of a distracted person, when his imagination is troubled, and his whole soul disordered and confused.”10. Le conduce este embarazo incesante a la catatonia y la narcolepsia, sendos estados alterados del alma que le invitan por un lado a combatir un mundo que a su vez brama por ser alumbrado, y por otro a recostarse cual fumador de opio en el sueño profundo del delirio, en la búsqueda de fantasías oníricas que acaben por atenuar la poca “realidad” con la que aún cuenta.

Addison muestra una comprensible afición por la emblemática cosmológica-alquímica11, epítome de un modo de acercamiento noético a los misterios naturales, siguiendo un esquema interpretativo propio de la Naturphilosophie que vería alumbrar el contradictorio Siglo de las Luces, de la mano de pensadores eclécticos tan reconocidos como Emanuel Swedenborg (1688-1772)12 o Franz van Baader (1765-1841); la “alquimia” a la que aquí aludimos no se correspondería a las técnicas de crisopeya nacidas en Egipto durante el periodo helenístico, sino a una particular clase de ars combinatoria de orden pansofístico, cuya emblemática inspiraría sobremanera a poetas-pintores como Blake a la hora de confeccionar sus “enigmáticas” obras de profundo raigambre gnóstico. A la luz de la soterrada tradición manuscrita mágico-alquímica que venía gestándose desde el siglo XVI, las fantasías brumosas de los grandes visionarios románticos o simbolistas no nos resultan tan sorprendentes y renovadoras13; valga como ejemplo de nuestra afirmación el Pneumo-Cosmic Manuscript, MS Ferguson 115 (Glasgow University Library), del que nos permitimos adjuntar una muestra de sus emblemas.

“Vegetating in fibres of blood”, reza la leyenda de la acuarela de Blake que adjuntamos: su interpretación es compleja a la fuerza:

The globe of life blood trembled Branching out into roots; Fib’rous, writhing upon the winds; Fibres of blood, milk and tears;

In pangs, eternity on eternity14.

¿Quién dice que el mester de los artistas no fue el de conocer el estado primigenio del mundo, oscura eternidad heredada de las Biblias cristiana y “pagana” (i. e. Timeo platónico)? La lectura de los gnósticos de todo orden nos informa sobre un modo de argumentación pictórica que dibuja con palabras y pinta relatos de dioses olvidados. La sangre, sustancia pneumática que mantiene cohesionada la vida cual orbe, es el puro dolor el que penetra hasta el último de lo creado increado, en una eternidad sin nombre.

Mucho se ha discutido acerca de las múltiples capas semánticas consustanciales a los diagramas y metáforas de los filósofos naturales desde su germen renacentista: perdidas sus tradiciones en el afán de apartar sus secretos del resto de mortales, hemos de recurrir, al menos parcialmente, a la radical subjetividad de sus artífices para apenas vislumbrar el sentido último de sus emanaciones excogitantes, de ahí sus grandes dificultades hermenéuticas.

3. Paraísos perdidos

Pero nos hemos centrado en exceso en una suerte de antroposofía de la génesis artística; es tiempo de ampliar nuestro campo de visión a ese espectáculo desnudo de la naturaleza que denominamos “paisaje”, un conjunto fenoménico que sirve de inspiración, alimento y finalidad al artista romántico. Hablamos de un paisaje espiritual en el que la extensión actúa como espejo del alma del artista-demiurgo; semilla espiritual inconsciente de la obra artística lo mismo que de la “tríada inefable” Dios-Naturaleza-Hombre, en correspondencia con la filosofía de Friedrich Wilhelm Schelling (1775-1854). El mundo no sería más que una autorrepresentación volitiva en perpetuo movimiento.

¿Por qué los paisajes descritos o pintados por los artistas románticos15 muestran lúgubres, hórridos, apabullantes, inquietantes y, en definitiva, sublimes paisajes? Paradise Lost (1667)16 constituiría el tronco común que insuflaría de savia el frondoso ramaje pintores y escritores románticos: The Seven Angels of the Presence wept over Miltons Shadow!17 La obra de Milton serviría de portada para una generación de visionarios impelidos por el Sturm y el Drang que yacían en el seno de sus torturadas almas. La pintura constituiría una vía de revelación para las revelaciones de esos artistas-demiurgos-alquimistas: John Martin, Gustave Doré, Thomas Cole, John Henry Fuseli o Giovanni Battista Piranesi. De algún modo, los anónimos autores de los emblemas barrocos se desligaban gloriosamente de los textos que les relegaron durante siglos al papel de meros ilustradores de lo sublime; era hora de que éstos se tornaran en dueños del sobrecogimiento de sus atónitos espectadores. Y decimos más: su depurada técnica y lo extraordinario de sus composiciones escapaban de la simple representación de temas mitológicos o religiosos para convertirse en pura epistemología; didáctica sagrada de otros tiempos y otros lugares (reales o imaginados, tanto da) de los que sólo teníamos noticia a través de los textos sagrados: el don de transformar la idea sublime en un producto tangible superaría el paradigma medieval de la metáfora.

Ralenticemos nuestro paso por un instante: existe, de acuerdo con Addison, una verdad poética y una verdad filosófica18; súmese en virtud del adagio ut pictura poesis, una verdad pictórica. Pintores y poetas, “perdidos para el mundo, decidieron construirse su propio mundo”19. Roma, Jerusalén, Babilonia, Pompeya y Herculano (quizás incluso Pandaemonium): villas de las sombras, antiutopías de las ciudades del sol de Santo Tomás de Aquino y de Tommaso Campanella y la Adocentyn de Hermes Trismegisto; su bella decadencia daba testimonio de una época dorada cuyos restos rezumaban la gloria de los atlantes. Los frutos de la perversa imaginación de sus domini presentan un perfecto paisaje destinado al disfrute de la humanidad, y por ende concebido de acuerdo con los ciclos celestes.

En el ocaso del mundo, un Homero romántico pasea despreocupado por sus ruinas, maravillado a la par que aterrorizado ante el cruel destino reservado a los hombres20.

Fuentes consultadas

ADDISON, Joseph, Essays on the Pleasures of the Imagination, Netherlands: National Library of the Netherlands, 1828.

———, Ensayo sobre el placer de la imaginación (ed. Josef Munarriz), incluido en Los placeres de la imaginación y otros ensayos. The Spectator, Madrid: Visor, colecc. La Balsa de la Medusa, 1991, pp. 129-217.

BLAKE, William, The complete prose & poetry of William Blake, Newly Revised ed. David V.; Harold Bloom, Anchor, 1988.

Ediciones digitales consultadas:

Blake Archive (URL: http://erdman.blakearchive.org/).

Arizona State University (URL: https://blake.lib.asu.edu/html/home.html).

MILTON, John, The Poetical Works of John Milton, Philadelphia: Charles Dexter Cleveland, ed. Lippincott, Grambo, 1853.

———, Paradise lost, ed. digital The Project Gutenberg (URL: https://www.gutenberg.org/cache/epub/26/pg26-images.html).

Bibliografía secundaria consultada

Dictionary of Gnosis & Western Esotericism, ed. Wouter J. Hanegraaff, Leiden: Brill, 2006.

HERNÁNDEZ-PACHECO, Javier, La conciencia romántica, Madrid, Tecnos, 1995.

RAQUEJO, Tonia, Los placeres de la imaginación y otros ensayos. The Spectator, Madrid: Visor, colecc. La Balsa de la Medusa, 1991.

SÁNCHEZ MECA, Diego, Historia de la filosofía moderna y contemporánea, Madrid: Dykinson, 2010.

YATES, Frances, A., The art of memory, EE.UU.-Canadá: Routledge, 2013. Páginas electrónicas consultadas (activas en junio de 2020)

Obras pictóricas y literarias de William Blake

The William Blake Archive (URL: http://www.blakearchive.org/).

Páginas electrónicas: catálogos de museos

TATE. ILUSTRACIONES DEL LIBRO DE URIZEN, DE WILLIAM BLAKE.

URLs: https://www.tate.org.uk/art/artworks/blake-first-book-of-urizen-pl-21-t12999).

https://www.tate.org.uk/art/artworks/blake-first-book-of-urizen-pl-15-t12997).

TATE. Gothic Nightmares: Fuseli, Blake and the Romantic Imagination: Room 1 (URL:

https://www.tate.org.uk/whats-on/tate-britain/exhibition/gothic-nightmares-fuseli-blake-and- romantic-imagination/gothic).

CATÁLOGOS DE ARTE DIGITALES

Art UK (URL: https://artuk.org/discover/artworks/the-shepherds-dream-from-paradise-lost- 117746/search/actor:fuseli-henry-17411825/page/1/viewas/grid).

Davidson Galleries (URL: https://www.davidsongalleries.com/artists/antique/giovanni-battista- piranesi/).

Europeana (URL: https://www.europeana.eu/es/search?page=1&view=grid&query=piranesi).

NOTAS:

  1. Tomaremos como texto de referencia principal la obra de RAQUEJO, Tonia, Los placeres de la imaginación y otros ensayos. The Spectator, Madrid: Visor, colecc. La Balsa de la Medusa, 1991. En segundo lugar, el texto de HERNÁNDEZ-PACHECO, Javier, “Arte y libertad: la herencia de Schiller”, en La conciencia romántica, Madrid, Tecnos, 1995, pp. 85-105. Adjuntamos al final del estudio una relación completa de las obras pictóricas mencionadas explícitamente en nuestro texto.
  2. Parafraseamos la cita de SCHOPENHAUER, A. contenida en El mundo como voluntad y representación, Barcelona: Orbis, 1985, vol. II, p. 39. La cita explícita sería la siguiente: “Pero al propio tiempo, contra este fantasma de la propia nada, contra una mentira tan imposible, se levanta en nosotros la conciencia inmediata de que todos esos mundos no tienen existencia más que en nuestra representación, de que no son más que modificaciones del sujeto eterno del conocimiento puro de que nosotros mismos somos este sujeto, tan pronto como olvidamos nuestra individualidad, convirtiéndonos en el portador necesario, en la condición de todos esos mundos y de todos esos tiempos”.
  3. Sobre el importante concepto de imaginación, cfr. RAQUEJO, T., op. cit., pp. 73 y 79. Asimismo, la nota ad loc. 102, en la que trascribe la visión de Keats sobre las distintas “habitaciones” que conforman las edades humanas; el “peso del misterio” atenaza a una mente cuya percepción ha alcanzado ya la última fase evolutiva (p. 80).
  4. Cfr. la biografía y obra escogida de este interesante autor irlandés en Art UK (URL: https://artuk.org/discover/artists/barry-james-17411806).
  5. “Satan and his Legions Hurling Defiance Toward The Vault of Heaven” (c.1792-94) y “Satan, Sin and Death” (c.1792–1808).
  6. Por ejemplo, la secta gnóstica de los ofitas. Para una introducción general, cfr. Encyclopaedia Britannica (URL: https://www.britannica.com/topic/Ophites).
  7. MILTON, John, The Poetical Works of John Milton, Charles Dexter Cleveland, ed. Lippincott, Grambo, 1853, XII, 430-431, p. 268.
  8. Sobre esta cuestión, RAQUEJO dedica un espacio destacado en su estudio (op cit.), pp. 49 y ss.
  9. Cfr. Leyendas de BÉCQUER, G. A., Obras completas de Gustavo Adolfo Bécquer, “La creación. Poema indio”, XVI, ed. digital e-artnow, 2013.
  10. 10 ADDISON, Essays on the Pleasures of the Imagination (1828), p. 68.
  11. ADDISON, ibid.: “Nothing is more pleasant to the fancy, than to enlarge itself by degrees, in tis contemplation of the various proportions which its several objects bear to each other, when it compares the body of man to the bulk of the whole earth, the earth to the circle it describes round the sun, that circle to the sphere of the fixed stars, the sphere of the fixed stars to the circuit of the whole creation…” (pp. 61-62). 
  12. No en vano, SWEDENBORG partiría de una obra puramente “científica” para concluir con la obra teológica reformadora por la que nos sería más conocido; una vez más, el estudio de la naturaleza en sí misma acabaría por inspirar o mediatizar un acercamiento visionario a la misma. Y es esta indistinción entre el pensamiento científico y la reflexión religiosa, la propia de un periodo en el que el cisma epistemológico aún no se había hecho presente en toda su crudeza.
  13. No estamos de acuerdo con RAQUEJO en que haya que aguardar a los románticos para poner en relación la imaginación como motor del entendimiento: “Tendremos que esperar, sin embargo, al Romanticismo para que el concepto de imaginación trascienda del mundo de lo sensible y adquiera un carácter cognoscitivo” (cfr. RAQUEJO, op. cit., p. 73). En este sentido, recomendamos el estudio de la obra introductoria de YATES, A. F., The art of memory (2007), en la que se describe minuciosamente la paidea antigua y medieval con respecto a este modo de aproximación propedéutico sobre la base de imágenes, metáforas, diagramas y símbolos, por no mencionar la aproximación histórico-crítica de investigadoras como Barbara Obrist, que se acercan a los textos alquímicos medievales desde la iconografía. Por el contrario, es el Romanticismo el que beberá de estas fuentes, partiendo de la obra autores insertos en la Teosofía cristiana como Jacob Boehme (1575-1624).
  14. Cfr. BLAKE, W., The first book of Urizen (ed. digital). URL: http://erdman.blakearchive.org/#78).
  15. 15 Aludimos aquí a un tipo específico inserto en este movimiento, el Romantisme noir, caracterizado por su íntima relación con los aspectos más oscuros y místicos de la experiencia artística y las tradiciones filosóficas asociadas.
  16. El texto de RAQUEJO hace mención de esta obra clave en las pp. 48 y ss. ADDISON la tomaría como el ejemplo más representativo de literatura “sublime”.
  17. Cfr. BLAKE, W., MILTON, a poem in 2 books (URL: http://erdman.blakearchive.org/#109).
  18. Cfr. RAQUEJO, T. op. cit., p. 69.
  19. Parafraseamos aquí la genial sentencia de NIETZSCHE, F., Obras inmortales, Ediciones Brontes, 2019, p. 434: “Quiere hacer el espíritu su propia voluntad, perdido para el mundo, se conquista ahora su propio mundo”.
  20. Remitimos al lector a la genial cita de HERNÁNDEZ-PACHECO, J., op. cit., p. 97: “Grecia es un ideal temprano de humanidad que pronto se marchita. Y en ese sentido, como la juventud para el hombre, es un ideal engañoso que guarda en sí el germen de su propia decadencia”.
Los’ Spectre torments him at his smithy in Jerusalem. This image comes from Copy E. of the work, printed in 1821 and in the collection of the Yale Center for British Art.
First Book of First Book of Urizen pl. 21, 1796, c.1818.
Object 32 (Bentley 32, Erdman 33 [36], Keynes 32), 16.9 x 11.4 cm.
James Barry, Satan, Sin and Death, c.1792–1808.
Satan, Sin and Death circa 1792-1808 James Barry 1741-1806 Purchased 1992 http://www.tate.org.uk/art/work/T06578
Opera magia naturalis, MS Ferguson 115 (ca. XVII)
MILTON a Poem in 2 Books, Object 1 (Bentley 1, Erdman i [1], Keynes 1), 16.0 x 11.2 cm.

Los desconocidos

Desconocidos para nosotros; para usted y para mí. Y sin embargo, sus historias fueron fascinantes; sus personalidades, arrolladoras, entrañables y potentes; sus hechos, indescriptibles. Si hubiéramos tenido la oportunidad de convivir con ellos, con seguridad les habríamos amado; no cabe duda de que nuestras vidas habrían sido más intensas, productivas o interesantes a su lado.

Son esas personas que no conocemos, ni tan siquiera a través de las letras rectilíneas de los libros. Personas fascinantes que vivieron en un olvidado tiempo… o bien que lo harán en un futuro que ya no experimentaremos. De su existencia no podríamos tener noticia aunque nos empeñáramos con todas nuestras fuerzas. Porque sus profundas o sensuales voces no fueron grabadas, ni sus manos fueron registradas llevando a cabo inmensas obras artísticas, o hazañas épicas que bien habrían valido un canto homérico. Tampoco sus nombres están debidamente referenciados en insignes y rimbombantes libros de historia, o en crónicas o tratados filosóficos; ni tan siquiera en cartas o diarios.

Les imagino bellos e íntimos, puede que envidiados, quizás solos haciendo frente a una realidad radicalmente adversa. Y digo más: puede que ningún otro ser humano (aparte de sus seres más próximos y queridos, si los hubiere o habrá) haya tenido o tendrá noticia de sus gestas. Jamás.

¿Sabe? Detesto la palabra “anónimo”; y lo hago porque implica una mentira revestida de un ridículo disfraz de verdad. Todos y cada uno de nosotros seremos “anónimos” para los que nos sucedan. Tentado estoy de afirmar que ya lo somos para nuestros congéneres, por mucho que alcancen a manosearnos. A pesar de que nuestros caretos circulen en los registros exhaustos (bajo la críptica etiqueta de ‘YouTube’ o ‘Facebook’) de algún extraño historiador dentro de cientos de años, ellos ya no nos conocerán. Ignoro si nuestros nombres, pintas, temas y tragedias les divertirán, apasionarán o dejarán indiferentes, pero una cosa es segura: nuestros seres verdaderos serán menos que polvo para ellos.

Me viene a la mente un pequeño remedio no químico para usted que sufre; en general, dirigido a aquellas personas sumidas en una negra tristeza en razón de su gravedad existencial, a saber: deténgase frente a una ventana e imagine todas las situaciones hermosas o apasionantes que en ese preciso instante están sucediendo en el mundo. ¿Ya? Ahora amplíe el espectro al pasado (del futuro hablaremos en unos instantes). Imagine la experiencia de millones de cadáveres que nos precedieron, que hicieron de su vida un hito. ¡Pero no! No les imagine en abstracto, haciendo acopio de una cultura general integrada por falsos recuerdos televisivos. Trate de no convertirlos en individuos lejanos, sin rostro ni sentimientos propios. Atraiga hacia su magín la misma tumba ignorada, en un cerro de Irlanda, en una fosa común en Méjico, o en mitad de ninguna parte en un pequeño islote del Pacífico; su otrora vibrante cuerpo yace ahora carcomido, dividido en diminutos fragmentos de ceniza. Le pido que se concentre en esos trozos que ahora integran otros seres o lugares. ¿Ya? Reintegre ahora los trocitos en una secuencia a cámara lenta, rebobinando la secuencia de muerte… Poco a poco una forma humana va haciéndose presente.

Su piel era oscura y brillante, su cabello de pizarra negra como el carbón caía a plomo sobre unos ojos claros como el ámbar, sobre unos carrillos dulces y rectangulares, sobre unos labios gruesos que auguran fertilidad. Su talla corta, sus formas acentuadas y apetecibles. Apenas llevaba encima vestido que cubriera su perfecta silueta de mujer. Su voz, articulada en un lenguaje largo tiempo extinto, se nos antojaría sinuosa y seductora; sus sílabas, a caballo entre el francés, el amárico y el farsi, darían testimonio del atroz acto de amor que ella misma, Nee-gashi, acaba de perpetrar. Un acto extraordinario que rompería su corazón sólo para elevarla, en virtud de una lúgubre paradoja, al altar de los mártires. Una grey enfebrecida se arremolinaba en la base de la blanca pirámide, presta para consumar su venganza. Mientras descendía para consumar su destino sólo podía pensar en el rostro dulce de su hijo muerto.

Los ojos de un niño apenas se entrevieron al pasar. Tristán iba muy rápido, ahíto de ilusión por contemplar la nueva biblioteca al borde de la escalinata. La lengua latina fue su padre y la griega su gran madre, tan huérfano como era de cariño humano; el único modo que encontró de amar el oscuro mundo para el que fue bastardamente concebido fue el de morar como una ratita ilustrada entre libros; colosales tomos de ciencia inmortal con los que aprendió a leer y soñar. De haber podido madurar, no cabe duda de que su obra hubiera competido en intimidad y dulzura con la de su admirado San Agustín, superándole en estilo y quizás crudeza. Aguardábale empero su gran enemigo en la convergencia entre los pasillos grises del piso superior del monasterio, un oubliette tristísimo en forma de mezquino abad, cuyas férreas manos acabarían por extinguirle.

El anciano de piel acartonada y oscura se disponía a morir con lágrimas de puro agradecimiento; de su vida frenética daba cuenta en silencio, afanado en recordar su primera caricia; su primer lance sangriento; la primera vez que vio el mar. A Hernán un naufragio en la flor de su juventud le abandonó en mitad de un islote, a inconcebible distancia de cualquier cristiano capaz de rescatarle. Los años transcurrieron primero con pesar, hastío y desesperación, para después convertirse en testigos de su ingenio: técnicas de pesca y forrajeo sólo igualadas por las milenarias tribus autóctonas; el registro científico de cientos de nuevas especies minuciosamente esbozadas y descritas en pliegos de arcilla y madera; cantos y cuentos concebidos en soledad durante incontables noches para nunca ser escuchados… Hernán cerró los ojos, encomendándose a Dios.

Largo tiempo ha que se arruinó el papel que decoraba la pared de aquel ático diminuto en el que vivía Théresse; una poetisa de blanquísima piel cuya frágil salud había encadenado a una cama polvorienta. Esparcidos por el suelo yacían sus textos: historias de piratas salvajes y bellos, sueños cuyo simbolismo hubiera pronosticado novedosas corrientes artísticas; bocetos eróticos nacidos de un alma ansiosa y vibrante que le habrían valido el escándalo y la inmortalidad. Signos de esotérica perversión perecerían al secarse sus pupilas. Porque decidió Théresse que todo acabaría esa noche, al calor de una leña que asfixiara el aire; trató primero de memorizar sus destellos y breves periodos de lucidez, de condensarlos en un único recuerdo que le hiciera llorar. Arrojó por último su obra inimitable al fuego y se durmió para no despertar; su cadáver nunca fue reclamado, pudriéndose lentamente en una morgue de París.

Aliou gritaba con todas sus fuerzas mientras se ahogaba. En otro tiempo y lugar, su cincelado cuerpo de ébano dio forma a melodías revestidas de profundidad inmemorial; espíritus azules insuflaban de fiera melancolía su espíritu indómito mientras danzaba como un león en pleno ritual de caza. Soplaban sus letanías multicolores a través de la sabana sangrienta, y en esos instantes eternos de apoteosis era consciente hasta la última fibra de su ser del poder transmitido a través de las generaciones de felinos que le precedieron. Consciente de que su mente constituía el eje oscuro de un universo formado por un sol exhausto que descendía sobre sus sienes lentamente, como el agua de un bautismo impúdico que en virtud de la pintura blanca imprimía una máscara a su alma de titán. Mas las palabras sagradas proferidas por Aliou no pudieron evitar que el océano le diera muerte, tan lejos de su amada tierra, tan cerca de su destino europeo. Días después su cadáver macilento fue encontrado en una playa de Fuerteventura: el león sería sepultado en una tumba sin nombre.

Detengamos nuestro heroico recuento por unos instantes. Le seré honesto, estimado lector: por mucho que me esfuerzo no soy capaz de hacerme una idea de dónde procede y hacia dónde va el soplo vital que alimenta nuestro ser. Sé que así como el ojo no es capaz de girar sobre sí mismo para centrar la mirada en la oquedad oscura del cráneo, así nuestras filosofías de todo orden sólo alcanzan a balbucear sobre nuestro origen y destino. Es evidente que antes, durante y después nos es conocida la realidad de nuestra alma, sin verse obligada a recurrir a la caprichosa percepción de los otros. Porque no necesitamos que nos lean para haber existido, ni que nos vean para sentir. Todos y cada uno de nosotros, anónimos o famosos, somos unos vértices afortunados que han sido condenados a morir lentamente en el frenesí de la vida; protagonistas de una saga épica cuyos nombres fueron largo tiempo olvidados.

Como humanista dedicado al tejido histórico de las ideas, confieso que en eso consiste mi método de aproximación a cualquier realidad. Imagino cómo vivieron esos héroes su realidad cotidiana, tratando de desembarazarme de la toxicidad que entraña mi propia identidad. En otros términos, considero indispensable deshacerme de mi yo postmoderno con el propósito de morar por unas horas en universos extraños, lo más alejados posible de lo que usted y yo consideramos “normal”. Por ese motivo, me produce tanta tristeza esa forma de enseñar que consiste en ilustrar a los zagales sobre los hechos del pasado echando mano de aquellas realidades que les puedan resultar más cercanas o familiares; de este modo, se explica la filosofía partiendo de cuestiones tan ridículas (y tan del gusto de nuestros tiempos) como “¿era machista Platón?” o “¿existió la democracia en Atenas?” Todos estos planteamientos obvian sistemáticamente la dimensión más compleja y preciosa que entraña el ejercicio del saber, a saber: convertir la propia mente en una caja de resonancia en el que infinitas voces canten al unísono. Un “vaciamiento” epistemológico que podríamos asimilar con la ἐποχή de los escépticos o los fenomenólogos, o bien con el “vaciamiento” perseguido por los místicos en su búsqueda de la divinidad, que nos permita desnudarnos de nuestros vestidos de inmediatez para “vivir otras vidas”, como rezaba la canción de Sabina:

Con un poco de imaginación
Partiré de viaje enseguida
A vivir otras vidas,
A probarme otros nombres,
A colarme en el traje y la piel
De todos los hombres
Que nunca seré

Y digo más, si es usted de los que necesita echar mano de conceptos familiares como conditiones sine quae non para comprender lo extraño, debería hacérselo mirar: sufre usted de una peligrosa atrofia de los sentidos rayana en la estulticia. ¿O acaso no es estúpido tratar de entender lo ajeno sin albergar la intención de abandonar lo propio? De hecho, es precisamente esta actitud torticera la que provoca que existan tantos “especialistas” entregados a la Historia contemporánea frente a las carencias presentadas por otros periodos históricos, o sin ir más lejos, estamos ante el mismo principio que previene al adolescente típico de aprender, sobre la base del bastardo adagio de “¿y eso qué tiene que ver conmigo?”

Decía antes que haría mención del futuro, y así es. No en vano me defino como un especialista del “tejido histórico”, y es propio de la historia avanzar a perpetuidad. Los corrientes ideológicas evolucionan para adaptarse al dinamismo social, máxime en una civilización como la nuestra, sometida al “proceso sin fin de la Ilustración”. ¿Qué será de esos héroes del futuro que no conoceremos? ¿A qué realidades adversas deberán de enfrentarse nuestros amigos de la posteridad? ¿Les serán útiles nuestros “modernos” pensamientos, que dentro de cien años acumularán el polvo de los ataúdes? ¡Quién sabe, quizás no perderemos vigencia en esos otros mundos! Mientras tanto, permanezco muy atento no sólo al probable devenir futuro, sino a la visión que de tal “futuro” sostenemos los habitantes del presente (esto es, la ciencia-ficción, la distopía y la ucronía).

¿Anónimos? No. Me declaro un conocedor inconsciente de todos esos meteoros incandescentes que abandonaron la vida inadvertidos. Secretamente les admiro sin haberles conocido; ni falta que me hace. A ellos se debe este humilde proyecto denominado “Studia Hermetica”.


Por lo demás, el proyecto se encuentra en estado latente, como bien habrá podido deducir el curioso lector de estas líneas. De hecho, desde principios de 2017 no he sido capaz de dedicarle el tiempo que me hubiera gustado debido a mis obligaciones profesionales y familiares; situación que no tiene visos de cambiar a medio plazo. El año 2019 marcó un antes y un después en el proyecto, una etapa de máxima actividad en la que, irónicamente, no pude dedicar más que unas horas al año a esta nuestra revista. Y a causa de unas razones muy concretas, preveo que esta situación se prolongue hasta el año 2022, como poco. Mas por qué no reconocerlo, estos quehaceres editores han constituido un punto de partida muy estimulante para mis empresas profesionales, pero su falta de financiación o de beneficio económico inmediato han provocado que sea relegada a un plano muy secundario en mi vida.

En los próximos años decidiré si dar por concluido el proyecto sería lo más conveniente, o bien el adoptar una línea de publicación mucho más laxa e irregular, de acuerdo con mis posibilidades reales. En cualquier caso, en estos momentos me es imposible pensar con la suficiente claridad como para tomar la decisión adecuada… mas no se inquiete: ando inmerso en la etapa más feliz y productiva de mi vida.

¡Le deseo unas muy felices fiestas y un próspero Año Nuevo!

A new dawn: de 2019 a la eternidad

Estos tres últimos años han sido frenéticos en lo personal y relativamente fructíferos en lo que al proyecto se refiere; en ellos he experimentado cosas que empequeñecen buena parte de lo vivido; cosas que me han granjeado una perspectiva renovada sobre las relaciones personales y profesionales, el uso de la tecnología y mis prioridades mismas.

Pero comencemos por el final: la revista Azogue ha sufrido una renovación importante desde 2016; de un extenso periodo de aparente inactividad se ha pasado a la publicación de un número impresionante, el octavo, y a la perspectiva de continuar creciendo indefinidamente con renovados apoyos. A ver, comprendo la diatriba de José Rodríguez, a pesar de diferir con él en los medios y las formas de publicación y edición online; tenga en cuenta que un trabajo de semejante calado pocas veces ha sido emprendido en nuestro país, no ya en la Historia de la alquimia en particular, sino en la Historia del pensamiento y la ciencia en general… ¡y mucho menos autofinanciado! ¿Qué menos que pedir a cambio una contrapartida económica acorde con otras publicaciones internacionales similares?

Como he comentado a menudo desde 2011, SHJ surgió como un pequeño retoño de Azogue que ha ido creciendo lenta pero inexorablemente. En su actual configuración, nuestra revista tiene asegurada su continuidad mientras yo me mantenga en el mundo de los vivos, pero con toda franqueza hemos llegado hasta donde razonablemente podíamos llegar. El prestigio de nuestra revista, así como su visibilidad en determinados círculos académicos es eso mismo, razonablemente bueno: se nos cita en tesis doctorales y trabajos académicos recientes, hemos constituido la plataforma de un curso de posgrado y coordinado una exposición en el ámbito universitario, han publicado con nosotros investigadores de prestigio internacional, se nos puede hallar en reconocidas bases de datos académicas y hemos logrado integrar consabidos avances técnicos en la web.

Eso significa que a partir de este momento y siete años después de su primera publicación en toda regla (en 2012), sólo podríamos avanzar en los terrenos mencionados (prestigio y visibilidad) si una institución nos apoyara. En cualquier caso, es algo que no me da especiales quebraderos de cabeza, habida cuenta de que SHJ es una iniciativa privada cuya primigenia aspiración, puede creerme, era mucho más humilde.

Por lo demás, la revista (lo mismo que su editor) abandonamos las redes sociales (no profesionales o académicas), en parte por motivos de agenda y en parte por un genético repudio de su funcionamiento general y lo que éste provoca en las mentes que las usan. No me merece la pena perder mi tiempo en ellas; prefiero dedicar mis limitadas fuerzas y energías en formarme, trabajar, investigar y publicar. Siempre he pensado que Internet es una herramienta impresionante, una conciencia colectiva que nos conecta y eleva a todos, pero siempre y cuando sea así. No es oro todo lo que reluce, y en ocasiones es conveniente detener el ritmo desbocado de nuestras vidas para evaluar lo que hacemos y por qué lo hacemos (y qué obtenemos a cambio).

Como puede ver, la revista se renueva estéticamente, sin perder la esencia de sus comienzos: un fondo blanco en vivo contraste con el rojo y una landing page de contenido textual (no gráfico, como en su configuración de 2017-2018), debido a su mejor aprovechamiento SEO. Confío en que sea más fácilmente encontrable por los buscadores, lo mismo que user-friendly.

Pero volvamos a los proyectos ad futurum. SHJ es para mí una iniciativa profesional más; no escribo ni investigo por afición o amor al arte, sino para desarrollar mis habilidades innatas y mi vocación. Pues bien, tras años de plena dedicación al mundo de los libros y la publicación (off line y online), he decidido emprender mi propio proyecto tecnófilo (con permiso de Kaczynski): eXc_lab, una nueva plataforma en la que dar oficial cuenta de mis progresos en la consultoría digital y editorial. Básicamente se trata de un blog al que subiré recursos y contenidos varios; y por qué no, puede que en el futuro se torne el germen de mi propia empresa. ¡Le animo a que me siga allí también, estimado lector!

En relación a la revista, el presente año de publicación está cubierto con un nuevo número académico (si todo va según lo previsto, claro). El 2020, por su parte, aún está envuelto en las brumas del misterio.

¡Muchas gracias por seguir ahí!

PD. ¡Actualizamos Hermetic Database!